Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes

Entre agosto y noviembre es la época del año con mayor demanda de nuestro medio. Es en esta época donde todo se mueve, se acerca el cierre de año y las empresas deben dejar los presupuestos apartados para los requerimientos anuales. Pero con este movimiento de trabajo, llegan también los problemas.

Estamos regidos por un mercado de oferta y demanda — base del motor de competitividad —, y el “todo vale” esta al orden del día como la ruta más rápida para ganar dinero sobre otros caminos como la innovación o la diferenciación, abriendo la puerta a una guerra sin cuartel a cualquier costo (usualmente, el síntoma son los precios de “remate”).

Para algunos los temas ambientales se vuelven de corto plazo, asuntos del momento, trabajados con prisa y dejando a un lado buenas practicas sobre cierto tipo de problemas. Esto obviamente no es una generalización, pero sucede y es conocido en el medio: una especialidad se vuelve una economía ‘express’ costosísima para el entorno.

Lo que preocupa de esta situación es cuando tales “soluciones” rozan los limites entre lo socialmente ético, lo debido y no debido en un contexto profesional (tergiversando la legalidad); dado que al cliente no le compete saber como se hacen las cosas, cualquier caja negra misteriosa servirá. Surgen así “mercaderes de la ciencia”, vendedores dispuestos a darte un par de números, sin medir contextos o escrúpulos (usualmente, no saben siquiera que están repitiendo).

En mi campo de experiencia (riesgos industriales por contaminación del aire), sabes con quien puedes trabajar y con quien no, tu reputación es tu principal activo. Así encuentras cosas descabelladas como estudios soportados con equipos que no necesitan ser encendidos, medidores milagrosos que no requieren revisión, reacciones controladas con agua de grifo y carreteras con los niveles de polvo de una sala de cirugía. Al teléfono, los “mercaderes de la ciencia” juran sobre piedra a un empresario confiado (en algunos casos, complice) que todo esta bien.

Recuerdo la anécdota de una ingeniera que no pudo entregar a tiempo un mapeo de contaminantes para un estudio de viabilidad de un proyecto petrolero; corta ni perezosa decidió tomar el resultado de otro proyecto sobre la cartografía del cliente. La cereza del pastel fue tener la bendición de sus jefes, pues prima el pago del contrato que su confianza. Vergonzoso e indignante.

Se acercan los deberes ambientales para muchas empresas. Mi invitación es: adquiere información de calidad, exige información de calidad. Si la puedes comprender sin ser un experto (por eso contrataste a un experto), has comprado información útil para tus decisiones. Bien dice Warren Buffet: “Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes”.

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